Mono Blanco
Arcadio Hidalgo,
Sones jarochos
Después de mucho esperar llegó la reedición en CD del Sones jarochos / Arcadio Hidalgo y el grupo Mono Blanco. Un disco que guarda la esencia de la grabación.
“Reunidos un día Arcadio Hidalgo y el grupo Mono Blanco maduraron la idea de un disco doble. “Putísima –decía Arcadio- eso va a estar bueno. Ahora estoy empezando a cantar mejor. “Y sí, parecía que el chaneque verde que se aparecía para hacerlo enronquecer lo había dejado en paz por un buen tiempo...
A diferencia del primer disco, éste fue grabado con más calma, al lado de técnicos que estimaban a Arcadio. Así quedó lista la primera parte...
El grupo Mono Blanco trataría de mantenerse sin la presencia del negro Hidalgo, mientras él en su Minatitlán, desde el lugar donde pensaba hacerse una torre para ver todo el mundo, observaría el humo de la refinería, esa que envenenó tanto la tierra que ya no pudo dar maíz, plátano y piña. “Si no hubiera sido por esta suerte de la música, ya me hubiera muerto desde cuando.
No hubo más grabación. Con su retiro, Arcadio Hidalgo se alejó del Mono Blanco y se fue acercando a la muerte...”
Arcadio Hidalgo, "sonero" de origen afro-cubano, considerado como una de las figuras seminales del son jarocho en el siglo XX. Creció en la comunidad afro-mexicana de Nopalapan en Veracruz y en 1908, a los 15 años, se unió, tras la muerte de su madre a manos de los soldados del General Porfirio Díaz, al ejército revolucionario de Emiliano Zapata y Pancho Villa. En 1940, Hidalgo comenzó a componer canciones sobre la revolución, el amor y la naturaleza, temas esenciales del son tradicional.
Guevarianas: Un disco para combatir cantando
Por Ana Valentina López De Cea
Con motivo de los cuarenta años del asesinato del Ché, Ediciones Pentagrama edita el disco Guevarianas, del cubano Vicente Feliú, que realizara y editara en 1997. Disco desde el corazón que llama a la reflexión.
Integrado por 16 temas, unos hablan explícitamente sobre el revolucionario latinoamericano, otros se vinculan a sus enseñanzas, a su lucha. Todas las canciones fueron compuestas por Feliú salvo un fragmento de La mañana después: que pertenece al discurso Los Pinos Nuevos de José Martí.
En palabras del propio artista:
“Indudablemente, 1997 ha provocado una especial Chemanía. Por una parte la de los que han descubierto que se puede hacer mucho dinero con la figura del mítico guerrillero, bien para hacer recordar nostálgicamente los luminosos finales de los sesenta, bien para distorsionar su imagen y su pensamiento o para ajustarla a determinados intereses, bien para sencillamente convertirlo en un inocuo y poderoso objeto de consumo; por otra, la de quienes en el transcurso de estos 30 años (que van desde que dejara sus huesos en las tierras bolivianas, hasta este hoy en que han regresado al país que lo eligió ciudadano de honor y a la ciudad que liberó con sabiduría de ingenio militar) han ido descubriendo sus ideas, su leyenda y la necesidad de un símbolo para este doloroso fin de siglo y el XXI que se aproxima y que requiere hombres y mujeres nuevas; y por otra, los de muchos no elegidos que desde antes de 1967 ya participábamos de otra, muy especial, Chemanía: aquella que nos llevó a hurgar en las profundidades interiores de cada cual y pulir con delectación de artistas las bondades del corazón y el pensamiento, hasta intentar ser seguidores de hombres de la estatura humana del Ché.
Este disco era una deuda pendiente, especialmente conmigo y con mis hijos. Cada canción tiene una historia, de reflexión o estallido, directamente vinculada al Ché o derivada de su legado. Tiene de José Martí, como fuente del pensamiento guevariano, de tardes en selvas africanas, de calores húmedos en fronteras de Centroamérica, de montañas andinas, de playas asediadas por el mismo enemigo, de madrugadas al filo de amores en despedida y de sueños, de muchos sueños. Y, no es un homenaje, porque los verdaderos héroes están en nuestro corazón , bombeándonos cada latido de esperanza”.
Los invitados que colaboran en el disco son Carlos Lage Feged, Sara Losada, Paula Ferré, Aurora de los Andes Feliú, Lázaro García, Santiago Feliú y Kare García.
Ñanda Mañachi
Recientemente Pentagrama editó el disco de Ñanda Mañachi, agrupación de raíces ecuatorianas con más de 38 años de trayectoria.
Ñanda Mañachi es una frase en lengua Quichua que traducido al español significa “Préstame el Camino” y es muy utilizada por los indígenas dentro de las comunidades, para solicitar el permiso correspondiente de transitar por predios o propiedades que no le competen. El grupo nace en el año de 1969 en la comunidad Peguche, ubicada en la provincia de Imbabura al norte de Ecuador y bajo la dirección de Alfonso Cachiguango, Carlos Perugachi y Azucena Perugachi, desde entonces hasta hoy ha convocado a tres generaciones de músicos y además han constituido una agrupación que mantienen vigente la auténtica música indígena del Ecuador.
Al hacer referencia a esta agrupación musical, sabemos que se trata de la más grande manifestación musical indígena de los últimos tiempos. Con 38 producciones discográficas, más de 27 países han sido testigos de sus acordes todos ellos del sentimentalismo que provocan las tierras andinas, muy bien complementado con la alegría y fuerza del hombre indio, aquel que labra la tierra y cuida su rebaño.
Han sido fuente de estudio considerados como referente de la cultura indígena del Ecuador. Entre su amplio repertorio encontramos ritmos variados como: Albazos, Sanjuanitos, Cachullapis, Danzantes, Tonadas entre otros, cuyas composiciones en su mayoría pertenece al grupo, integrado por Alfonso Cachiguango, José Cachiguango, José Vásquez, Luis Cotacachi, José Tambaco y Luis Vásquez.
Camerata Punta del Este
Camerata Punta del Este, es un ensamble de origen uruguayo, fundado en 1969. Desde entonces, el grupo original fue reorganizado varias veces con nuevos integrantes. Con experiencia en música de cámara y sinfónica, no obstante han captado los géneros populares de Argentina y Uruguay, especialmente el tango, la milonga y el candombe, que ha transportado del salón de baile a la sala de conciertos. Sus integrantes han actuado las Filarmónicas de: Buenos Aires, Universidad de México, y Montevideo y la Orquesta Sinfónica del SODRE. La Camerata se ha presentado en todas partes de América y Europa; así como recibido reconocimientos de la critica internacional por su maestría instrumental y su singular sensibilidad estilística. Pero, el más importante de todos es el fervoroso aplauso del público.
Este disco había sido editado en LP, y ahora aparece en formato de CD.
Ángel Tavira y su violín (protagonista del largometraje El Violín, de Francisco Vargas).
Con motivo de la aparición del primer disco de Ángel Tavira (protagonista del largometraje de Francisco Vargas “El violín”), les presentamos la entrevista hecha por Modesto López:
Mi padre se llamó José Isabel Maldonado Navarro y mi madre se llamaba Anita Tavira, pero como me crié entre los Tavira , mi nombre fue el de Ángel Tavira, así firmo y me pongo Maldonado en segundo lugar.
Nací en Corral Falso (Municipio de Ajuchitlán). Mi vida ha sido de música toda, desde niño. Trabajé en otras cosas; yo fui posiblemente milusos.
Mi tío Guadalupe Tavira era orfebre, un buen orfebre, era muy inteligente y curioso para hacer las figuritas.
Mi madre me llevó una vez, estaba yo chiquillo, le dijo a su hermano: aquí te traigo a Ángel pa´ que le enseñes ahí a ver en qué te puede ayudar ¿no?, la platería, la orfebrería y así fue como aprendí.
También labraba, trabajaba la tierra, en el día, en las aguas, no.
Yo lo que ganaba se lo daba a mi madre y ella lo iba guardando. Cuando le pregunté a mi tío -¿oye, cuánto costará un violín? “Y dice “depende la calidad”- porque yo le junté a ella treinta pesos, "pues sí, ya puedes comprar uno". Y ya fue mi madre a un pueblo que se llama Juchitlan, donde había un señor que hacía pedidos a México, y que me encarga un violín. Me costó treinta pesos y así fue como obtuve mi primer violín.
Mi abuelo Juan Bartolo Tavira era poeta, músico y tocaba el arpa.
Mi papá tocaba sax soprano, tenía una banda. El era comerciante, pero invitó a varios músicos para que integraran una banda y les dijo: "yo les voy a dar trabajo", porque trabajaban en sus casas la platería. Entonces puso un taller de platería y ahí se trajo a todos los músicos a trabajar.
Yo toqué por primera vez con mis tíos Sosimo, Félix, Guadalupe. Ellos tenían un grupo musical, una orquestita como de diez, doce músicos, se los conocía como La orquesta de los Tavira.
Allá se acostumbra que una banda u orquesta toque de todo: música bailable, gustos, sones y de todo.
Bueno yo trabajé el oro, y la plata. Yo me vine aquí, era muy joven, había de tener unos 14 años. Dirigí un taller de platería cuando el auge de la plata aquí en Iguala, cerca de 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial; entonces había muchos talleres y llegué yo aquí con mí tío, el que me enseñó orfebrería y buscamos trabajo. Pero él decidió volverse pues no le pareció bien, se fue y me quedé solo, dirigiendo el taller.
Cuando yo estaba bien toqué guitarra, toqué un poquito violonchelo, el bajo. Toqué en un conjunto tropical en Altamirano. Yo he tenido esa suerte de que donde trabajo me encuentro buenos amigos, por ejemplo en Altamirano eran mis amigos los pudientes, los muchachos de esa época, gentes que tenían dinero y yo era empleado en una tienda de abarrotes.
Una semana estábamos festejando algún santo o cruz, un día le toca a un vecino, luego a otro y así hasta que se cumplen los ocho días. Entonces le tocó a una vecina y que me fue a decir que le tirara los cohetes, --"no, yo nunca he tirado cohetes" y me empezó a estar machacando y se fue. Al rato ahí viene otra vez, por eso yo creo que lo que está por suceder tiene que ser pues. Vino como tres, cuatro veces y yo no, no y no. Hasta que por fin para que no me estuviera molestando- “ándale pues. Yo nunca he tirado cohetes". Y a esto fui, me explotó un cohetón.
-Elpidia (su esposa): “Era como una camarita dicen. Dice la prima que «los cohetes pues bien subían», pero esa camarita la encendió agachado, ton's cuando él la quiere tirar, ve que esta rodeado de gente, si la hubiera tirado se convierte en un asesino. Y lo que pasó fue que le explotó a él. Imposible de recuperar su mano”.
Desde niño, empecé a estudiar la música, empecé a hacer la lucha para escribir y ya, pude hacerlo.
Nomás me enseñaron solfeo, estudié unos tres métodos primero. Ya ve que antiguamente primero se estudiaba el solfeo.
Mis tíos tenían la costumbre de que si oían a algún familiar que chiflaba bien las canciones, pues a ese había que enseñarle música, esa era la seña de que podía y tenía aptitudes.
Ya después pues yo hice un grupo, pero no con familiares, sino que invité a gentes de fuera de la familia. Posteriormente, ya que nos separamos y algunos se murieron, hice mi grupo que se llamó Ángel Tavira y sus hijos.
Ese grupo se llamaba, “Póquer de ases”, era precisamente los que no eran mi familia, esos compañeros que invité y luego es que vinimos a tocar a Arcelia. Entonces éramos cuatro: dos violines, dos guitarras, y César Salgado que era de Arcelia fue el que nos puso “Póquer de ases”.
En el grupo estábamos Juan Tavira, que era mi primo, Artemio Díaz, tocaba guitarra. Nicolás Salmerón también tocaba guitarra. Y le agregué un contrabajo, y el que tocaba el contrabajo se llamaba Eutiquio Ruiz.
Pues yo como digo, he sido romántico y mis compositores favoritos son Gonzalo Curiel, Agustín Lara, Guty Cárdenas, Ricardo Palmerín, son los que más me han gustado.
En aquella época había aparatos que les decían vitrolas. No, no había radio. El radio vino después. No hasta le compusieron una melodía, una pieza a la televisión, decía: "la televisión pronto llegará, la televisión pronto llegará" No sabíamos que era televisión.
Y cuando alguien, bueno sólo los que tenían dinero, ponían la vitrola era una fiesta. Se le amontonaba la gente para estar oyendo.
-Elpidia Diego Rosales:
A Angelito lo conocí en una fiesta aquí en Iguala. Me invitaron y él estaba tocando, yo no se si yo le guste a él o él me gustó a mí, pero a mí me gustó como tocaba y así es como nos conocimos. Estaba en la fiesta, entonces pues me siguió la pista y me siguió y me siguió hasta que me conoció, difícil que alguien se le zafara, era muy conquistador, una labia buena. Así como es bueno para la música es bueno para conquistar.
Soy de la Costa Grande, de un lugar que se llama Espinalillo, de Coyuca de Benítez, adelante hay una desviación. Así que nos juntamos de polo a polo: el de Tierra Caliente y yo de la Costa Grande.
Y eso parece que fue ayer pero tenemos ya, fíjese cuarenta y tres años. La mitad de la vida. ¿Mitad verdad? Por que ochenta para cuarenta... la mitad. Ángel siempre está trabajando en la música, pues a veces está acostado y se despierta, se empieza a acordar de alguna canción y se levanta, tiene su lamparita por ahí, antes de que se le olvide lo que hace es escribirlas y ya otro día la sigue. Así es como ha recuperado infinidad de canciones que se tocan por estos lugares”.
Lo de la música lo hice pensando en que debe escribirse esa música de nuestra Tierra Caliente, porque ha habido músicos buenos que sabían escribir pero no se preocuparon. Bueno yo he dicho, yo lo puedo hacer y lo voy a hacer y lo he estado haciendo.
Mi abuelo era mayor que don Isaías Salmerón, cuando hacía alguna composición se la llevaba para que la escuchara mí abuelo y que le dijera si estaba bien.
Yo vivía en la Tierra Caliente. Siempre fui disidente, yo he estado en contra siempre de la injusticia. Fui profesor durante 32 años, aquí en Iguala, se llamaba secundaria 2, ya había una y se fundó otra, por eso se llamaba secundaria dos, yo fui fundador, y después le pusieron oficialmente el nombre de Jaime Torres Bodet.
Yo apoyé las luchas sociales, porque es otra manifestación de inconformidad por lo que hacían y hacen los funcionarios en contra de la gente del campo, gente pobre, verdad, entonces, pues yo fui de esos que luchan por la justicia.
A mí me gusta mucho leer, leo todo lo que se me arrima y me entristece lo que está pasando en el país a veces pienso que uno mismo escoge sus verdugos, que según vamos a nombrar a fulano porque es el bueno y resulta que no, no van a servir, van a servirse.
Yo quiero grabar una melodía, unas dos melodías que se pueden grabar con los mismos versos. Son por ejemplo una que dice "A mis palomas les dije que ya no las mato yo, pues una cosa me aflige que aunque quiera yo ya no, se me descompuso el rifle y el parque se me acabó", estos versos son de mi abuelo, cuando ya estaba viejecito y lleva una melodía que le decimos La india, o se puede cantar con La Malagueña también.
Para grabar, pues con mis hijos, son los únicos que me entienden.