De lo que no queda duda es que la poesía y la música se combinan en un ejercicio del pensamiento y el alma, que cautivan. Bien lograda esa difícil combinación ¿cuántos artistas han fracasado al intentar musicalizar los poemas de otros?

Lo primero que uno encuentra en Variaciones sobre la inteligencia es su profunda característica urbana, y voy más allá, si bien han colaborado en su producción distinguidas personalidades del norte de nuestro país, diría que es un disco muy “chilango”. Ojalá que sus creadores tengan la posibilidad de hacerlo llegar a las calles de nuestras ciudades. La riqueza está ahí.

Frases como Cantó la sirena que causa dolor refiriéndose a los asesinatos del 2 de octubre, Siempre te busco en el vientre de la calle, La utopía sigue siendo mi trinchera, son el resultado de la inteligencia de los autores pero también, según expresa Briseño, del trabajo de crítica, comentarios y propuestas del taller que le da su nombre. En este camino de la reflexión, comparten la certeza de que el 11 de septiembre se lo debe el mundo a Bush. Muchos se preguntan, aún los más acérrimos antiyanquis, si con otro gobernante, se hubiera desencadenado esa medida del odio. En la canción “Ojo por ojo” que de pronto es crónica con moraleja, los teclados de Guillermo Briseño, como caídos de una torre armonizan con maestría un “Yo miraba la acción/ con la tele prendida/ y me dio la impresión/ de que lo presentía/ y dije ¿cómo que no?/ si se lo están buscando?” En un programa de televisión una niña, estudiante de primaria en Texas, confirma: “algo debimos de haber hecho para que esto sucediera”. Es la ley del talión, dice la letra.

Un lugar común ganado a pulso: es una garantía de calidad el que Briseño, del que no podríamos agregar nada que no se haya dicho (otro lugar común), forme parte de esta obra; altamente recomendable aún para las adversos al rock, si es que por ahí queda alguno.
Perrozompopo
Por Conrado Sandoval
Romper el Silencio
En toda sociedad desigual las voces críticas se valen de distintos medios para difundir sus ideas.
Perrozompopo ha decido ha-cerlo a través de la música. En su más reciente producción, Romper el silencio, este nicaragüense establece una clara línea divisoria entre la canción de protesta, manifiesto político y la canción romántica, emparentada visiblemente con la trova. En estas últimas como cuando tardas y demoras o Cuando me corta tu filo un cierto aire de Raúl Torres y Gerardo Alfonso se percibe entre los acordes de excelente ejecución instrumental.

La pared es de un rojizo deslavado, sus cuerpos se bañan de crepúsculo, hacia la verde ventana dirige sus pasos el dibujo de un animal delgado y coludo, cabeza de rombo, papalote con ojos, una lagartija que en esos territorios responde al apelativo de perrozompopo. “No vas a derrotarme fantasma kamaleón...perrozompopo soy”, no va a derrotarme la inventiva de quienes ven en mis canciones la amenaza de la verdad, dice en “fantasma kamaleón” Ramón Mejía, un muchacho de 34 años, surgido de la estirpe de los Mejía Godoy, que está causando sensación entre la juventud de su país y que dirige a este grupo formado además por Augusto Mejía, Juan Millán y Gabi Martínez.

Para las canciones de mayor contenido político prefiere el rock, ska o hip hop y con  ello  produce  en  sus conciertos el mismo efecto que el vértigo en nuestros

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