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El jazz, el fut y los hijos de Sánchez.
Por Alain Derbez

Si los estadios de futbol del Distrito Federal pueden ya recibir ante sus mutitúdicos y vociferantes apoyadores a cinco extranjeros por cada equipo haciendo lo suyo -algo que en muy contadas ocasiones incluye jugar más o menos decentemente- en el engramado, ¿Por qué diablos un Festival Internacional de Jazz como el acaecido en febrero del 2005 en el Auditorio Nacional, el Salón 21 y el Teatro Metropolitan tendría que programar jazzistas mexicanos? ¿Qué? ¿Acaso se apellidan Sánchez como Hugo el expichichi piruético y declarador director técnico, como Antonio el baterista que en enero del 2005 estuvo en España tocando con Pat Metheny, como Hilario el pianista chiapaneco que años ha tocara una larga temporada en Francia? No: Una cosa es ser Sánchez y otra hijo de Sánchez -como el libro de Oscar Lewis, como la rola del trompetista Chuck Mangione- y en lo que son peras o son manzanas californianas los hijos de Sánchez -por más curriculum que traigan para que les pisen- Sánchez se quedan y aquí nomás "there ain´t no fucking business", esto es, traduciendo del bushiano idioma: no son negocio.
Si del "lago de los bisnes" (Jaime López dixit) se trata, para eso estuvo el lleno previsible con Diana Krall importando inteligente-mente desde el pop la fórmula para atraer mirones que hacen como que oyen y menean la cabecita cuando toca el piano y canta, que la canadiense lo hace y bien. Y en la misma noche conclusiva el magnífico Chucho Valdés desde Cuba y el guitarrista Mike Stern -el mismo que todavía tocaba hace un tiempo, luego de aparecer con el trompetista Miles Davis, en ese changarrito del tamaño del Café Tamayo de Tlalpan pero en Manhattan-, gusto también oír la vanguardista y sabrosa propuesta, tanto en el DF como en Guadalajara, del trío de Medesky, Martin y Wood y con ellos Sex Mob continuando con lo que los Headless Torsos dejaron resonando en Chapultepec el año pasado como lo hacen continuamente en el Knitting Factory neoyorkino. Ah, ¿Y cuántos no dejaron los ahorros para escuchar el saxofón de Wayne Shorter de nuevo y de nuevo también a sus acompañantes Danilo Pérez al piano y John Pattitucci al bajo?
Claro, se ha prometido que para el próximo año, si Dios les da sincopada licencia habrá locales en los locales que aquí no tienen locales. ¿Será? ¿De quién echarán mano y si lo hacen, los tratarán como si no fueran locales en esos locales? O los harán sentir -costumbre sana llevada a efecto cada que hay la oportunidad- como parientes pobres y arrimados a la hora de la transportación, la prueba del sonido, la repartición de camerinos, la propaganda y, sobretodo "but of course", del pago -si lo hay y no se opta por el clásico discurso, "tú aflójate y coopera que es promoción y te conviene, vas a compartir la escena con tutti y con frutti y de aquí te nos vas para arriba como flatulencia de buzo".
¿De quién pues, repito, echar mano? ¿Quién tiene las credenciales para compartir la media cancha creativa de la selección balompédica con Sinha, ese jugador brasileño naturalizado? Varios, sin duda. Imaginemos la posibilidad que alguna vez existió y que se ha olvidado por las siempre esgrimidas y esgrimibles burocráticas razones (ver como ejemplo EuroJazz en el Centro Nacional de las Artes que en su edición del 2005 recibe a Perico Sambeat al saxofón sin que músico mexicano alguno se apersone sobre el escenario ni antes ni después), de hacer que como iguales compartan escenario en México jazzistas nacionales con sus propuestas -y no nada más, oh Palacio de las Bellas Artes, de acompañantes del solista venido de ultramar- y jazzistas foráneos con sus propuestas. Me permito aventurar nombres: ¿Qué tal Pattitucci y los mexicanos Rodrigo Castelán que ha sacado un disco recientemente o Aarón Cruz en ese instrumento como debió haber estado el contrabajista Agustín Bernal si hubiera habido para Charlie Haden hace meses grupo mexicano a aparecer donde estaría Gonzalito dueto con el contrabajista que lo mismo hace free´jazz que mexicano de Lara o Sabre Marroquín? ¿Y si Danilo Pérez por qué no también el pianista nacional dominador de la afro-antillana desde el jazz Héctor Infanzón con un par de discos recién editados?
Desde el Lincoln Center de Nueva York desempacado el grupo que dirige el saxero mexicano Diego Maroto bien podría estar ahí donde se presentaron los Yellow Jackets o Spyro Gira y nada sería mejor, para artistas y público, que disfrutar en un mismo concierto a Eugenio Toussaint al piano -su disco atrío ha salido recién- donde Chucho Valdez apoltronara su humanidad y sus independientes manos, ¿o qué tal Enrique Nery? Al trío de Medesky o a Sex Mob quizás les gustaría escuchar sonando al free-jazzero trío de Cráneo de Jade (con Cruz al bajo, Hernán Hecht a la batería y Remi Alvarez al saxofón) o a Pancho Lelo de Larrea, guitarrista y Gabriel González, bajista, con sus quehacer original o a Los Dorados, así como al cubano que ha sustituido a Bebo su padre en las flamencas aproximaciones tal vez le gustara escuchar a la guitarra a Cristóbal López. Imagínense, ¡oh flamantes organizadores que jazz nos traen al sur del Bravo con discontinuidad, un programa a piano y voz donde la canadiense Diana Krall haga lo suyo antes o después del piano y voz de la mexicana Iraida Noriega. Todo bajo las escenográficas propuestas del guanajuatense pintor que inspirado en el jazz responde al nombre de Jazzamoart, único mexicano presente en los escenarios del festival. Desde luego, quizás los organizadores no conocen a los jazzistas mexicanos porque estos no tienen mucha vitrina local donde exponer sus alcances y es más fácil para ellos lanzarse a cazar jazzistas extra-fronteras que buscar estacionamiento afuera del Papa Beto en la céntrica Villalongín de barrio capitalino. Lo bueno es que los jazzistas nacionales ya están tocando afuera. Quizás allá, practicando su inglés, puedan ser contratados para venir a México. Esperemos entonces al año que entra. Por lo pronto, la consigna fue sentarse y disfrutar: Mexican Jazz Festival. A este paso, segurito que vamos al Mundial.

Patricio Anabalón en Porto Alegre

El trovador chileno Patricio Anabalón participó como invitados en el V Foro Social Mundial de Porto Alegre, que se realizó en Brasil entre los días 26 y 31 de enero. Ahí compartió con destacados artistas e intelectuales internacionales, entre ellos el cantante y compositor cubano Vicente Feliú y el grupo de Pancho Amat.
El día viernes 4 de febrero, Patricio Anabalón se presentó en un único concierto en la ciudad de Santiago de Chile. En noviembre pasado realizó una exitosa gira por diversas ciudades de Francia y Bélgica, y este año realizará presentaciones en esos países, además de Chile, España, Grecia, Cuba, Suecia y también México, así que estén pendientes. Patricio Anabalón tiene editado con Ediciones Pentagrama el disco Hojas de Invierno. También los invitamos a ver su sitio de internet que contiene bastante información sobre el cantante:
www.patricioanabalon.cl

II Festival Internacional de Cine del Sahara.

Del 3 al 6 de marzo se realizará el Segundo Festival Internacional de Cine del Sahara, en los campos de refugiados saharauis de Tinduf, Argelia. Este festival nace en 2003 con el fin de acercar el cine y la cultura a los más de 200 mil saharauis que llevan casi 30 años viviendo en precarias condiciones en campamentos ubicados en el desierto argelino, donde tuvieron que instalarse después de que el gobierno marroquí ocupara el territorio donde estaban. Con proyecciones al aire libre de películas de distintas nacionalidades subtituladas al árabe, esto servirá para darle continuidad a una serie de proyectos iniciados hace dos años, tales como la instalación de una red de videotecas permanentes en los campamentos, además de la realización de una serie de talleres y cursos de formación audiovisual destinados especialmente a la juventud saharaui. En esta edición del festival, participará nuestro amigo el cantante y compositor uruguayo-español Quintín Cabrera.