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Los trovadores. Algo de historia

Juglar, con estas nuevas melodías
vete y las llevarás en persona
a la bella, en la que riqueza nace
y dile que soy suyo
más que su manto

Giraut de Bornelh (1162-1199)

Por: Patricio Anabalón.

“Trobar” en occitano, significa descubrir, crear, inventar, también significa expresarse a través de la utilización de “tropos”.

La poesía trovadoresca, heredera de la tradición grecolatina de hacer poesía para ser cantada con acompañamiento musical, aparece por primera vez como lírica culta en lengua romance en el siglo XI en Aquitania (actual territorio francés y que en la Edad Media se conocía como Occitania o Provenza), correspondiendo a una de las primeras muestras literarias en una lengua distinta al latín, que sin antecedentes conocidos, gozó desde un comienzo de una perfección de forma y fondo, abordando las temáticas de la vida y sociedad feudal, llegando a su máximo esplendor durante la segunda mitad del siglo XII.

La producción trovadoresca, se desarrolló fundamentalmente en el ducado de Aquitania, en los condados de Provenza y Tolosa, y en la corte de Barcelona (desde donde se extendió posteriormente hasta Lombardía y Cataluña).

Los trovadores provenzales, denominaron su arte como “Gaya Ciencia” o “Gay Saber”, el cual nació bajo la pluma de Guillermo IX, Duque de Aquitania y Conde de Poitiers, extendiéndose por doscientos años en las tierras de Oc, llegando además a Portugal, España, Italia, Alemania y Hungría.

Originalmente, los trovadores interpretaban sus poemas en las cortes y competiciones musicales, figurando entre sus temáticas: el amor, la religión, la política, la naturaleza, la caballería y la guerra. Se acompañaban musicalmente de instrumentos de cuerdas, como la viella o violín medieval y el laúd. Las formas de versificación utilizadas, eran la cansón, la tensón, el plantó, el alba, el sirventés y la serena.

La poesía trovadoresca surge en una sociedad de cultura refinada, absolutamente diferente a la de los países de Europa Central o los países nórdicos, una sociedad, según Fernand Niel, “sin ningún prejuicio de raza, condición, de nacionalidad; sólo existía una clase de hombres, todos iguales en principio, aunque estuvieran colocados en diferentes esferas y pudieran elevarse por sus méritos y sus virtudes. El mejor amigo del Conde de Toulouse era Raymond Miraval, pobre caballero de Carcasses, pero brillante poeta. Las clases altas de la sociedad habían llegado a un grado de civilización único en Europa y, mientras Philippe Auguste apenas sabía firmar, el rey de Aragón y el Conde de Foix se escribían en verso”.

Los trovadores se caracterizaron por ser verdaderos revolucionaros de la moral y de las costumbres, destacando en su poética un tema fundamental: el amor a la mujer idealizada. Reivindicaron el derecho al amor carnal, tanto para los hombres, como para las mujeres, llegando a glorificar el adulterio como máxima rebelión.

Sobre aquella sociedad, en donde surge el catarismo (el único documento cátaro que se conserva, es un pequeño ritual escrito en la lengua de los trovadores), que amenazaba seriamente el poder temporal y religioso de Roma, habrían de posarse las miradas de la Francia del Norte y del poder papal. La Iglesia no quería perder la influencia que tenía sobre aquellas tierras; por su parte los Capetos, Reyes de Francia, veían en esta instancia, una clara oportunidad expansionista.

San Bernardo, enviado por el Papa para “convertir” a los cátaros, observaba: “Las Iglesias están sin sacerdotes, a los Ministros de Dios no se les da el respeto merecido, los cristianos reniegan de Cristo y sus templos parecen sinagogas. Se ignora la santidad de la casa de Dios, y los sacramentos ya no son sagrados...”

De esta manera, ambos poderes se unieron para acabar con esta sociedad y lograr sus objetivos económicos, religiosos y militares.

Arnaud-Amaldric, enviado del Papa, ordenó a los cruzados antes de entrar a Beziérs “Matadlos a todos; Dios reconocerá a los suyos”, debido a que las tropas querían hacer una distinción entre católicos y herejes. Luis IX, obtuvo la rendición definitiva y sería canonizado más tarde por la Iglesia Romana, como San Luis, Rey de Francia.

La invasión de Béziers y la matanza de Montségur, dejaron cerca de treinta mil muertos, acabando con Occitania, los cátaros y los trovadores, cuya semilla, a pesar de todo, ha traspasado el tiempo, encontrándose hoy en día, trovadores que se sienten herederos de aquella luz de poesía, erigida en la dulce brisa del pasado.